Volver a lo simple

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Supongo que es inevitable, cuando cambia el año, hacer balance. Incluso si no lo pretendo, parece que mi sistema me empuja a ello, y más vale hacerle caso y ponerme a su favor, porque de lo contrario me lo hace pasar un poquito mal. De hecho, me ha tocado despedir el año con un tremendo trancazo y muchísimo descoloque interno. Así que, sí o sí, he decidido ponerme a hacer balance, con mis amadas aliadas de siempre: las palabras.

El año pasado estrené enero con un duelo por una relación amorosa de esas con las que antaño me habría tirado años de forcejeo, pero que esta vez solo me había llevado unos meses desentrañar. La diferencia con otras relaciones de pareja anteriores era que ahora ya me daba el suficiente crédito a mí misma como para actuar según mi criterio, y no según el de la otra persona. Parece una tontería, pero no lo es: encontrar mi propio punto de vista ha sido la gran búsqueda de mi vida. Y es que era tan fácil para mí delegar en los demás… Quienes me rodeaban siempre eran más convincentes, resolutivos y seguros de sí mismos que yo. Pero dado que el resultado de delegar mi vida en otros había sido una escabechina brutal, mejor tomar nuevos y expeditivos caminos, como fue cortar la relación con aquel hombre, que estaba muy seguro de sus palabras, me trataba con benevolencia y paternalismo, y cuyo punto de vista sobre la relación y sobre mí misma no compartíamos. Sin acritud. Con pesar. Adiós.

Es curioso cómo pronunciar diez palabras en voz alta puede establecer un antes y un después tan radical Compartir en X

Mientras transitaba ese duelo me preparaba, junto con mi querida Martina Novatzki, para el órdago a la grande que daría el 14 de marzo en la sala Cómo, abriéndome en canal delante de un montón de personas con una charla que se llamó «Cómo reescribir tu propia historia». El núcleo era un suceso familiar que había partido mi vida (y mi corazón) en dos a la edad de treinta años. Es curioso cómo pronunciar diez palabras en voz alta puede establecer un antes y un después tan radical. Bueno, no solo fue pronunciarlas, fue «cómo» las pronuncié. Sin vergüenza. Sin anestesia. Sin pestañear. Su reverberación en la sala llena de ojos y oídos silenciosos se llevó los restos de un trauma cuidadosamente ovillado durante los veinticinco años anteriores.

Una cosa así deja mucho espacio libre dentro de una. Diría que hasta demasiado. En aquel momento pensé que la vida me daría un descanso, que aquel bello espacio diáfano sería un spa en el que relajarme el resto de mis días. Me lo merecía, por aquel paso tan difícilísimo que había dado. Pero se ve que la vida no estaba por la labor de desaprovechar el espacio en tonterías. Pocas semanas después del Cómo, se abrió dentro de mí la comprensión de que el siguiente paso era dejar de ser discípula de mi maestra de meditación, con la que llevaba veintidós años. Fue una decisión tremenda que llevaba posponiendo inconscientemente varios años, por no disponer de la fortaleza emocional para poder afrontarla. Hay comprensiones que una no querría tener, que cuando aparecen nítidamente en el espacio de la mente crees que no están dirigidas a ti, que el destino se ha equivocado —pero mucho— al echarlas en tu buzón. Si alguna convicción tenía en mi vida, era que nunca jamás dejaría a mi maestra.

Me equivoqué.

Todavía me causa perplejidad pensar en ello. Pero hay algo ineludible en ciertas revelaciones. Es como si traspasaras una puerta que se cierra detrás de ti y luego desaparece. Y ya está. No hay marcha atrás. Tardé cinco meses (hasta agosto) en perdonarme por no saber gestionarlo de otro modo, en procesar la angustia y ser capaz de ejecutar la decisión. Era muy loco. Suponía quedarme huérfana adrede. Pero es que mi maestra no era mi madre. Nunca lo había sido, y no me quedaba más remedio que ser consecuente con ello. Era cercenar la cabeza de una inexistencia, pero dolía como si me cortasen el corazón en filetitos. Suponía también alejarme de mis compañeros de meditación, mis hermanas y hermanos vajra. Y, por último, significaba también distanciarme del budismo, o, más bien, de su estructura externa, porque su sentido interno lo llevaba incorporado. Buena parte de mi mundo, tal y como lo concebía, se venía abajo.

Entre medias, entre marzo y agosto, perdí a dos de mis mejores amigas.

De nuevo, estas separaciones se instalaron en mi espacio interno como evidencias chirriantes e imposibles. Hay veces que ni siquiera importa quién tome la decisión, porque lo que pasa, pasa, por más que quieras que no pase. Da igual quejarse, tener la razón o no, opinar de un modo u otro. Miras fijamente a tu corazón, incrédula, y este se encoge de hombros, sin pronunciar palabra. Tú sufres a lo bestia, lloras sangre, pero no hay nada que hacer.

No todo fue espantoso.

Si algo no lo veía claro, no lo haría. Estuve muchos meses bloqueada, sin dejarme absorber por el pozo sin fondo de las redes sociales. Simplemente, dejé de hacer, hacer, hacer. Compartir en X

La capacidad de ver ciertas cosas claras —por poco que me gustaran— había llegado para quedarse en ese espacio interno que había empezado a reconocer como mi único hogar. Laboralmente, dejé de moverme a tontas y a locas, mecida por la inseguridad, la compulsión y el miedo a fracasar. Si algo no lo veía claro, no lo haría. Estuve muchos meses bloqueada, sin dejarme absorber por el pozo sin fondo de las redes sociales. Simplemente, dejé de hacer, hacer, hacer. Me quedé quieta, con los dientes apretados, esperando la hostia. En vez de la hostia, me llegó la idea de proponer para abril un taller que se llamase como la charla que di en marzo: «Reescribe tu propia Historia».

Fue un curso con magia.

Sigue siéndolo.

Parecía que hacerle caso a la vida (con todo el vértigo que causa no saber si estás entendiendo bien el mensaje) tenía sus peros, pero también sus pros. Los desgarros del destino se podían zurcir con hilos de amor balsámico en comunidad.

La comunidad fue otro asunto importante a lo largo del año pasado.

La intuición me llevó a ver un documental llamado The village of lovers, que a su vez me trasladó a una extraña ecoaldea de Portugal llamada Tamera, un centro de investigación y educación para la paz, al que me fui una semana en julio, la semana más extraña de mi vida, en la que aprendí que había formas de vida fuera de este sistema de mierda que nos envuelve en una atmósfera narcotizante. Si me hubiera trasladado a otro planeta no me habría sorprendido tanto. Pero es que era otro planeta dentro de este. O quizá Tamera era el verdadero planeta, ese en el que se podía vivir, amar y respirar sin asesinar a los demás ni asesinarse a uno mismo. Fue tan epatante para mí (acostumbrada a la toxicidad traumatizante de esta sociedad) que creo que todavía no he sido capaz de procesarlo.

En mi corazón roto y zurcido se incrementó el anhelo de hacer lo que estuviese en mi mano para abrir tantos oasis de oxígeno emocional como pudiera en el sufrimiento asfixiante de mi entorno Compartir en X

En mi corazón roto y zurcido se incrementó el anhelo de hacer lo que estuviese en mi mano para abrir tantos oasis de oxígeno emocional como pudiera en el sufrimiento asfixiante de mi entorno. Irme a vivir a Tamera no lo veía viable, pero a lo mejor podía traer el espíritu de Tamera a unos cuantos corazones rotos, como el mío.

Sentí que, para ello, necesitaba una herramienta que complementase las de la meditación y la escritura, y la vida me trajo el modelo terapéutico IFS (Internal Family Systems), a través de los libros de Richard C. Schwartz y la formación —para poder aplicarlo— que realicé en noviembre y diciembre. Era un paradigma que reunía en un acercamiento muy simple las perlas que había recabado a lo largo de mi vida:

  • La necesidad de explorar y hacernos amigos de nuestro mundo interno como primer paso para sanar nuestros vínculos.
  • La evidencia de la multiplicidad de nuestra mente, que se organiza en partes a las que podemos aprender a conocer y a respetar, porque han luchado muy duro para mantenernos vivos y lo más cuerdos posible hasta este momento.
  • El reconocimiento de nuestra esencia, de ese centro incorruptible e indestructible que, en conexión directa con el Todo, es perfectamente capaz de liderar a nuestras partes, ayudarlas a que se liberen de sus cargas y se desenvuelvan sin tanto esfuerzo, con mayor ligereza.
  • La fuerza de la creatividad, que nos conecta con nuestra sabiduría y cordura intrínsecas, y nos ofrece un lenguaje y un cauce de comprensión, crecimiento y gozo.

De esta forma, todo se ha ido volviendo más simple y comprensible en mi vida a lo largo del último año. No más fácil, ni mucho menos. Cuanto más espacio libre va quedando en mi hogar interno, al ir afrontando las comprensiones y las pérdidas, mayores son los retos que afloran. Yo pensaba que ya no quedaba ningún muro por demoler, pero en estos dos últimos meses del año, la vida me ha traído más sorpresas.

Todos estas transformaciones tan dolorosas y necesarias que se han dado en el último año han desembocado en una necesidad imperiosa de simplificar. Compartir en X

Una ha sido la pérdida de un buen amigo de hace más de treinta años, ante el repentino y doloroso reconocimiento de que me acosó sexualmente durante varios años de mi vida, y de que lo había venido haciendo hasta el presente con otras mujeres, una de ellas buena amiga mía, sin trazas de dejar de hacerlo. Ha sido algo que ha hecho que el mundo —tal como lo veía— se tambalease enterito de nuevo. No es que de pronto me enterase de cosas que no sabía, sino que la forma en que interpretaba esas cosas ha cambiado de forma radical, y eso lo cambia todo. Como si de pronto pudiese enfocar el objetivo de la cámara y viese con nitidez el contexto y todos los detalles de una situación que antes aparecía borrosa. Empezar a ver a un amigo querido (de la noche a la mañana) como un delincuente es algo que no le deseo a nadie. A raíz de esta comprensión, ha empezado a sangrar en mí a lo bestia la profunda herida —compartida con tantas generaciones de mujeres— de la violencia de género, infectada a base de todas esas pequeñas y grandes cosas que hemos normalizado en nuestro día a día por pura supervivencia.

La última sorpresita (unida a la anterior) que me tenía reservada el 2024 fue el repentino entendimiento de que había llegado el momento de dejar a mi terapeuta, con el que llevaba trabajando doce años. Simplemente, comprendí que nuestra relación (basada en la reconstrucción del vínculo con la figura de mi padre ausente) había llegado a su fin. Había soltado a las madres, y ahora me tocaba soltar también a los padres, quedándome sin figuras de protección, salvo yo misma. A partir de ahora, mi terapeuta será una mujer, y seguiremos el modelo IFS, en el que quiero profundizar también como cliente. Afortunadamente, la despedida con mi querido Ari Goldfield (mi hijo pequeño lleva su nombre) ha sido dulce y llena de gratitud. Pero no por eso menos triste.

Todos estas transformaciones tan dolorosas y necesarias que se han dado en el último año han desembocado en una necesidad imperiosa de simplificar.

Cuando por las mañanas medito, simplemente me siento a estar un rato conmigo misma, sin más. Luego me levanto y sigo con mi día, poniendo un pie detrás del otro, despacito. Soy consciente de que se han concentrado muchas pérdidas en un año, y que he de permitirme sentir el dolor, el desánimo, la sensación de vacío, el corazón roto, la vulnerabilidad. Es preciso y precioso sentir para poder relacionarme con los otros sin que nos dañemos.

Escribir y Meditar se convertirá, en estas semanas, en Escribir para Sanar. Esa denominación encaja mejor con aquello hacia lo que la vida me viene empujando desde hace tiempo. La meditación seguirá siendo una de nuestras herramientas, pero lo esencial es sanarse, sanarnos en relación, usando las palabras para mostrar las heridas y vincularnos en vez de para taparlas y distanciarnos.

35 respuestas

  1. Isa, lo veo escrito todo junto, y me parece terrible y doloroso. Y, a la vez, si te ha dejado sin cuentas pendientes, seguro que te dará una ligereza y una fuerza, que espero que te lleve donde quieras.
    Yo entro en el nuevo año con cuentas pendientes, aunque con más claridad y confianza en los procesos, y aunque sobre mi parte mando yo y es la importante para mí, la veo ahora como una parte pequeña. Observo y digiero y confío y avanzo, a veces con el paso del caracol y otras como un meteorito.
    Te mando un abrazo muy fuerte,
    Mer

    1. Gracias por tu aportación, Mer. La verdad es que no sé dónde quiero ir, pero sí siento a ratos fuerza y ligereza. La vida dirá.

      Pequeña o grande, tu parte es la cabina de control, así que hay mucho poder ahí, como lo hay en un caracol y también en un meteorito.

      Un abrazo enorme,

      Isa

  2. Muchas gracias por todo, Isa. Menudo añito que has pasado. Me asombra tu capacidad y enorme fortaleza para, a pesar de todo, seguir reinventándote y buscando la luz para ofrecérsela a los demás. No sé dónde ni cómo estaría ahora si no te hubiera conocido. Gracias.

    1. Gabi, ojalá pueda ayudarte a que veas tu también tu capacidad y enorme fortaleza, que están ahí, cada vez más patentes.

      Un abrazo enorme,

      Isa

  3. Querida Isa. Te deseo todo lo mejor y estoy segura que sabes que te quiero y te queremos muchísimo.
    En el sur tienes a tu hermana mayor.

    1. Sí, lo sé, y el amor es mutuo :-). Ojalá nos veamos, en el sur o en cualquier otro punto cardinal.

      Un abrazo enorme, querida Maribel,

      Isa

      1. Hola Isa
        Me sorprende que tu sufrimiento pulule á sus anchas,y que te sientas insegura y vulnerable, como yo Creía que tenías sobradas herramientas y serenidad como para afron5arlo todo. Pero así como dices en el artículo que a permite ser frágil, yo prefiero no hacerlo por miedo a que esa fragilidad me devore.

        1. Gracias por tu compartir, Elisa :-). A mí las herramientas me han ayudado precisamente a poder sentirme vulnerable sin tenerme que cubrir de mil corazas.

          Un fuerte abrazo,

          Isa

      2. Hasta hoy Isa no he leído este resumen de tu año que ha sido intenso sin duda, pero lleno de sentido y de evolución, así es que lo veo como la plenitud y el aprendizaje que tu eres capaz de hacer. Mucha fuerza se vislumbra, una Isa sabia que emerge con f decisión y poder, me encanta verlo y saborearlo a través de tu testimonio.
        Felicidades sinceras de mi corazón al tuyo.
        Maite Corroto

        1. Muchas gracias, Maite, por mirarme tan bonito con tus palabras, que dicen mucho también de ti. Ahí vamos, a por un año más.

          Un abrazo enorme,

          Isa

  4. Iba a decir: Isa siento el año que has pasado pero no. Todo eso ha sido el dolor de las alas que estaban naciendo en ti, aunque tú todavía no las veas. Yo sí las he ido viendo y sintiendo en los zoom y en los comentarios. Esos años que parece que no vamos a poder con ellos son los que nos impulsan a lugares inimaginables. Buen vuelo Isa!!!

    1. Gracias por tus palabras, Loli. Pues cómo escuecen las puñeteras alas ;-p. Hale, a volar…

      Un fuerte abrazo,

      Isa

  5. No he cogido la pluma desde el último trabajo del Curso de escritura, en junio 2023, no volví a leer prácticamente nada…..y hoy por esas «sincronicudades» de la vida, recibo tu mail del post de la semana y lo abrí y me encuentro todo ese «viaje» hacia ese espacio de «no sé nada» tan vertiginoso y a su vez ligero.
    Gracias de corazón por compartirlo.
    Te deseo lo » mejor» aunque no tengo ni idea de lo que es.

    1. Gracias por tus palabras, Carlos, me alegra volver a saber de ti :-). Yo también te deseo lo mejor, aunque no tengamos ni puñetera idea de lo que es eso ;-).

      Un fuerte abrazo,

      Isa

  6. .Hola Isa bonita. Acabo de leerte y verdaderamente me dejas pasmada. Que fuerza, que valiente y cómo sabes lo que tienes que hacer y siempre hacer lo mejor para tí. Claro que estas decisiones se toman después de mucho rumiar y sufrir. Pero lo importante es tomar la decisión y tu eres tan valiente que las tomas. Sabes que te quiero y te admiro y que te mereces todo lo bueno.
    Para mí el año ha sido la operación de la mama que me ha dejado como muy desconectada del mundo. Este año, ahora, en enero tengo revisiones que me tienen muy desequilibrada. Bueno tu también sabes mucho de eso. Hay mucho deseo por mi parte de que vida cambie poco a poco. Lo suficiente para que me vea feliz o simplemente contenta. Sabes que te quiero mucho. Mucho. Mucho

    1. Gracias, Matilde. Pues yo te veo cada vez más conectada al mundo, la verdad. Las revisiones son una puñeta, pero también nos recuerdan la suerte que tenemos de estar vivas ;-).

      Un fuerte abrazo,

      Isa

  7. Querida Isa: leer el resumen de tu año me ha sobrecogido y mira que he sido testigo excepcional de él, pero leyéndolo he comprendido la profundidad de tus cambios, de tus pérdidas y por qué eres una especie de faro para mí. Yo también estoy despidiéndome de algunos conceptos que llenaron mi vida. Ya no lo veo igual, pero eso no impide que duela. Es como quitarte un trozo de piel.
    Un abrazo enorme
    Sole

    1. Gracias, Sole. Me gusta cómo lo defines: «conceptos». Creo que muchas de nuestras pérdidas son conceptuales, sí, es como perder formas de ver las cosas que se han quedado anticuadas. Pero, como dices, eso no significa que no duela.

      Un fuerte abrazo, compañera de camino,

      Isa

  8. Isa, cuanto te quiero! Cuanto agradezco haberme encontrado contigo! … Y, sin embargo, sé q no es casual, q algo mucho más grande que tú y q yo nos ha unido…y yo me siento tan tan agradecida….
    Ines

  9. Bueno Isa, compartimos la ruptura con un amigo de hace más de 40 años que escribía poesía y me consolaba su delicadeza en este puto mundo, tanto es así que leía sus libros cuando estaba en los hospitales, pero no había forma de relacionarme con él sin que quisiera algo más y decidí cortar la relación y explicarle mi punto de vista. No supo encajarlo y fue doloroso. Pero me liberé de jugar un papel en el que ya no era yo misma, yo he cambiado y ya. Es difícil soltar a los padres, el mío ausente y violento, mi madre sumisa, temerosa y de creencias limitantes y fijas. Tantos años para ver nuestro propio centro, y cuanto cuesta llegar a liberarse. El patriarcado nos ha marcado a fuego y es trabajoso irse quitando las capas incrustadas que nos ha infligido, pero una vez visto y sabido es imposible no revisarse a cada paso, pero duele y es muy desgastante, por eso el descanso y el cuidado, y este año 2025 pienso añadirle algo de hedonismo sin ningún fin, solo la alegría de vivir.
    De veras que pienso que nuevamente has dado en el clavo. Tienes una brújula interna superpoderosa y bien entrenada, porque reconozo con claridad el avance que haces y te admiro por ello.

    1. Muchas gracias por compartir tu experiencia, Loreto. Sí, no son gratis los avances. Y a mí a veces me gustaría hacer eso, descansar y ya está. Pero, de alguna forma, siento que no depende de mí. La vida me trae cosas, y una de dos: o las afronto o me evado (y entonces es peor). Así que bueno, ahí estamos… En todo caso, de verdad que me encantaría este año poder estar más tranquila, sin tanto dolor.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

  10. Gracias Isa. Parece que la vida nos pone en situaciones para que aprendamos a seguir reinventándonos y entender que solo en lo simple esta el cambio, en lo sencillo en el aquí y ahora. Para mi también fue un año de perdida (mi perra gran amiga Neska) murió. Y parece que debía soltar a una persona, que no suelto aunque no me voy a culpar o juzgar esta vez no, se que pronto podre hacerlo y eso me da esperanza. Como dices querida Isa en lo sencillo esta el cambio

    1. Gracias por compartir, Almudena. Sí, culparte o juzgarte no sirve de mucho. Soltarás cuando estés preparada para hacerlo. De momento, es un gran paso tener conciencia de ello.

      Un abrazo enorme, y mucho ánimo,

      Isa

  11. Me pregunto por qué tantos humanos ponen su felicidad en manos de los demás. No es que sea un fan del arte de aprender a mandar todo a la mierda, pero por lo menos si aprender a sonreir a todos los que caben en el poema How they fuck you up y a algunos que no caben.
    Feliz año
    Magí

    1. Hola, Magí,

      Bueno, los humanos somos mamíferos que necesitamos a otros humanos para vivir, y especialmente la infancia es una época muy vulnerable en que se configura cómo nos relacionaremos con los demás en la edad adulta. Tenemos muchos condicionamientos que no son fáciles de soltar. Mandarlo todo a la mierda creo que puede ser un condicionamiento más. Pero a veces es un desahogo, no voy a negártelo 😉

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      1. Exacto. Somos mamíferos atados por la oxitocina, pero también tenemos, a diferencia de otros mamíferos, la capacidad de detectar a los tóxicos, gambas, volátiles…y ciscarnos en la oxitocina. Y sobre todo distinguir a aquellos tan atrapados en sus emociones que a duras penas pueden reconocer al otro y que sabes que antes a después te van a triturar en su altarcillo.
        Otro abrazo de vuelta
        M.

  12. Isa, me ha sorprendido lo que nos has contado y la forma tan extraordinaria que tienes para hacerlo.
    Con este balance que nos cuentas de tu año 2024 y como a la vez has estado ahí presente y ayudando al grupo en su crecimiento personal, he llegado a la conclusión que tod@s tenemos mucho que aprender contigo.
    Intentaré hacer mi balance como recomiendas.
    Muchas gracias

    1. Hola, Teresa,

      Gracias por tus palabras. Yo creo que si no fuera por mi trabajo, el poder compartir con los demás nuestras alegrías, miserias y desvelos, estaría en la tumba.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

    1. Muchas gracias, querida Alejandra :-). Ojalá nos veamos al sur del sur. Me apetece mucho volver por allí. Que tengas tú también un precioso año.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

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