Escribir en tiempo de crisis

Escribir en tiempos de crisis, artículo escrito por Isabel cañelles

Aprovechar las crisis

En estos tiempos que corren escribir (escribir de verdad) se está convirtiendo casi en un lujo o en algo de valientes. Aunque sigamos aparentando normalidad, yo creo que desde la pandemia el mamífero que somos siente el mundo como un lugar peligroso en el que cada día que pasa resulta más difícil sobrevivir. El nivel de vida va disminuyendo a marchas forzadas, y cada vez menos gente puede dedicarse a algo más que no sea tratar de sobrevivir y de que los suyos sobrevivan. Ante esto, nuestras partes protectoras internas optan por anestesiarnos y mantenernos lo más dormidos posible a nivel emocional, para que no suframos. Y esto es justo lo contrario de lo que propicia la escritura, que nos hace conectar con lo que hay y nos mantiene despiertos. Estar despiertos, duele y, o afrontamos ese dolor, o es muy fácil tirar la toalla de la escritura.

Soy de las que piensa que hay que aprovechar hasta las crisis para aprender y evolucionar. En ellas, me parece recomendable ir al fondo de la cuestión y no quedarse en la superficie de las propias argumentaciones, encaminadas a hacerte desistir. No porque dejar de escribir no sea una opción, sino porque nuestra huida en esos momentos nos suele situar en un extremo, y no en la franja intermedia entre los impedimentos y aquello que deseamos y necesitamos.

Estar despiertos duele y, o afrontamos ese dolor, o es muy fácil tirar la toalla de la escritura.

El famoso «no valgo»

Suele ocurrir que al principio comienzas a escribir con muchísima pasión y ganas y, a medida que vas tomando contacto con tus limitaciones (técnicas y de todo tipo) te empiezas a frustrar, hasta llegar a un punto en que dudas de ti mismo y de tu capacidad para seguir en el camino que con tanto ímpetu habías iniciado. Hay mucha gente que en ese punto justo decide tirar la toalla con la famosa frase: «No valgo». Es un decir, porque mucha de esa gente al cabo de los años vuelve de nuevo a escribir, ya que se da cuenta de que casi más difícil que escribir es dejar de hacerlo (¿cómo dejar de ver la riqueza que aporta en tu vida?).

A veces creo que nos incapacitamos porque es más fácil eso que seguir trabajando, sin más, en aquello que nos gusta. Si le echamos la culpa a nuestra falta de talento, nos evitamos la responsabilidad y la disciplina de seguir aprendiendo día a día.

El talento

Personalmente, no creo mucho en el talento. Creo que hay cierta facilidad que tienen algunas personas para determinada área artística. Por ejemplo, yo siempre tuve facilidad para el tema del lenguaje, la lengua, la escritura, etc. Eso, unido a que leía mucho de pequeña, me facilitó el camino para escribir, por qué negarlo. Ahora bien, también tengo muchas cosas en mi contra: la autoestima baja, emocionalidad variable, tendencia a invertir mis energías en proyectos (tanto personales como laborales) que me desvían de la escritura, pereza a la hora de asumir la catarsis que escribir supone en mi vida, y un largo etcétera.

De la misma forma, en todos mis años de experiencia impartiendo clase, por delante de mí han pasado todo tipo de personas. Y la facilidad para la escritura (que es eso a lo que se suele llamar talento) no garantizaba en absoluto que cierta persona avanzara en el aprendizaje y continuase escribiendo a lo largo de los años (que es lo que lleva, al fin y al cabo, a adquirir maestría en el oficio). Muchas de esas personas se quedaban en el camino, bien por ser incapaces de ser autocríticas y de asumir sus debilidades, bien por todo lo contrario, al no ser capaces de confiar en ellas mismas lo suficiente. Y otras estaban tan deslumbradas por ese buen hacer, por la facilidad con la que les fluían las palabras (tiene algo de hipnótica esa facilidad), que eran incapaces de detectar, entre todos esos fuegos artificiales, los puntos de mejora; a mí misma me resulta difícil ayudar a avanzar a las personas que tienen ese supuesto talento innato, porque su mismo talento puede velar el camino del aprendizaje.

Por el contrario, he visto avanzar de forma increíble a personas que no es ya que no tuviesen esa facilidad, sino que eran francamente torpes en su relación con el lenguaje. Y, sin embargo, a base de perseverancia, de escuchar con mucha atención, de darse de cabezazos ochenta mil veces (y las que hiciesen falta), de exprimirme como profesora y aclarar hasta el último resquicio de duda, de probar con diferentes estilos y personajes, etc., han acabado escribiendo buenísimas narraciones. Creo, de hecho, que algunos escritores de renombre no poseían una facilidad innata para escribir, como por ejemplo Pío Baroja, que tenía serias limitaciones estilísticas y cuyas obras, sin embargo, son interesantísimas.

La motivación

Hay algo que en el aprendizaje nadie te puede dar, ni el mejor de los profesores. Es la motivación. Cada uno se tiene que trabajar la suya, y esto tiene que ver con conocerte a ti mismo, detectar las trampas y zancadillas que te sueles poner en la vida, aprender a relativizar, etc. Y a lo mejor hay un momento en que ni siquiera tiene sentido automotivarte para escribir. Quizá necesites puntualmente la motivación para alguna otra cosa. Eso solo lo puedes saber tú mismo.

Lo que —como profesora— sí puedo hacer es animarte a que, si llega ese momento, no te agarres a cuestiones como tu supuesta incapacidad para la escritura, lo que es un daño inútil y engañoso. Resulta más útil —seamos pragmáticos con nuestras crisis, por favor, que tenemos para rato— llegar al fondo de la cuestión. El resultado final (sea que dejes de escribir por un tiempo o no) será más fiable y eficaz.

Cuando tiramos la toalla de lo creativo estamos optando por vivir anestesiados.

Desde dónde escribes

Un cuestionamiento que creo que puede ayudar, a la hora de decidirse a escribir y a superar todas las crisis del camino, es el de desde dónde realizas ese viaje. Para mí un buen punto de partida (que es el que propiciamos en Escribir para Sanar) es plantearse la escritura como una exploración creativa y curiosa de tu interior y del mundo. Cualquier pauta o técnica solo va a resultar útil si la encuadras en el marco más amplio de tu propia vida.

Desde ahí, el tema del «valgo o no valgo», de la calidad, de las comparativas y del talento carece de sentido. Casi todos nuestros aprendizajes desde que nacimos han estado marcados por la exigencia, los exámenes, la competitividad y las puntuaciones. Si la escritura la medimos por el mismo rasero, estamos perdidos.

Las propuestas que hacemos en nuestros acompañamientos no se pueden hacer «bien» o «mal». Solo se pueden hacer de una forma: a tu manera y sin pretensiones. De ese modo, siempre ganas, porque siempre aprendes algo nuevo sobre ti mismo. La asimilación de las técnicas se va dando de forma natural, pero no es ahí donde se pone el foco, sino en preguntas como «¿qué te está tratando de contar sobre ti tu escritura?», «¿cuál es el tema de fondo?», «¿por qué es importante para ti hablar sobre esto?», «¿qué es lo mejor que puede hacer tu personaje para salir del brete?» o «¿cómo sería inventarte una alternativa a esta situación?».

Cuando tiramos la toalla de lo creativo estamos optando por vivir anestesiados. No digo yo que esa no pueda ser la única alternativa para momentos puntuales en que nos sentimos totalmente sobrepasados. Pero si lo convertimos en una forma de vida, esa vida queda vacía de sentido. Si escribir te gusta, te animo a ser valiente y hacerlo. Sin exigencias, de la manera en que sea bueno para ti, pero hacerlo.

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2 respuestas

  1. Como siempre, Isa, tu exposición es muy certera, da con las claves para decidirse a escribir y persistir en ello. Sin embargo, echo de menos un desarrollo mayor de la motivación. Para mí, uno de los motores que te pueden empujar a lanzarte a la piscina de la escritura es que su práctica tiene, al menos para mí, mucho de lúdico, y, como dice Ángel Zapata, es un juego. Un juego como el de vida misma, pues el ser humano, como algunos otros mamíferos, tiene grabado en su esencia (ADN) el instinto del juego, que no se acaba con la infancia y que no debemos reprimir, al contrario: debemos de darle rienda suelta con cualquier actividad lúdica, y la escritura para ello es excelente.

  2. Querida Isa. Me ha emocionado bastante todo lo que has dicho y como lo has dicho. Yo estoy en uno de esos momentos negativos acerca de una de las cosas que más amo: LA ESCRITURA. Pero ciertamente la vida no siempre es fácil ni cómoda, Y tenemos temporadas que se nubla la visión y se nubla todo tu ser y sientes que tienes que echar el freno a muchas cosas que adoras. En ese punto estoy yo aunque de un modo muy variable porque también me digo que qué voy a hacer si no escribo y si no pongo un podo de orden en mi cabeza y en mis ilusiones o desilusiones. Todo puede ser escrito. Lo bueno y lo malo. Lo que te hace feliz y lo que te lleva al infierno de cabeza. Todo cabe. Todo está ahí para que una decida ser valiente y seguir escribiendo, o quedarte parada por un tiempo y rumiar tu vida actual. De todos modos cuando uno decidiera volver a escribir tendría muchos más argumentos después de haber rumiado durante una temporada corta o larga.
    Un beso gordo querida Isa.

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