Lo que voy a contarte en este artículo puede interesarte tanto si eres terapeuta como si estás asistiendo a terapia, o si simplemente sientes curiosidad por este tema.
Llevo desde pequeña escribiendo, treinta años impartiendo clases de escritura, y veinticinco años asistiendo a terapia, así que sé de lo que me hablo en lo que atañe a la función terapéutica de la escritura. De hecho, muchos terapeutas recomiendan a sus clientes que escriban, aunque no tantos saben darles pautas eficaces para ello.
Yo creo que todos venimos al mundo con una especie de rumbo trazado al que, por supuesto, podemos honrar o desvirtuar en base a nuestro libre albedrío. Bueno, pues mi rumbo pienso que tiene que ver con poner mis conocimientos literarios al servicio de la sanación. No ha sido un camino claro ni llano, ni mucho menos; he tenido muchos tropezones y desvíos, como meterme en una carrera de ciencias (solo porque pensaba que lo que me resultaba «difícil» y me hacía sudar la gota gorda era lo único a lo que valía la pena dedicarse), y muchas otras dificultades, derivadas de mis traumas de infancia, que han condicionado profundamente mi vida. Pero ahora considero todos esos tropiezos como la materia prima imprescindible para mi aprendizaje. La escritura, más que un hobbie, un arte o un oficio, ha sido para mí una cuestión de supervivencia. Como la terapia. Y todavía lo son.
A mi método lo denomino «escritura consciente», desde hace una década lo hago enfocando mis acompañamientos a personas que aspiren no tanto a «escribir bien», sino a realizar cambios profundos en su interior. Compartir en X
A estas alturas, creo que hay poca gente mínimamente consciente que no comprenda lo alienados y enfermos que estamos, como sociedad y como individuos. Y, comprendiéndolo, una de dos: o te hundes en la negación narcotizante o tratas de arreglar ese desaguisado interno en la medida de tus posibilidades, asistiendo a terapia, valiéndote de la escritura, yéndote a vivir a una ecoaldea, haciendo el pino puente o como sea. Bueno, pues yo me he especializado en el uso terapéutico de la escritura o, más bien, en cómo usar la escritura al servicio de la sanación.
No me gusta mucho el término «escritura terapéutica» (aunque respeto su uso y a quienes la imparten), porque suele aludir a ese tipo de escritura en que la persona se ejercita en exponer sus pensamientos y emociones sobre el papel. Y no digo que eso no pueda ser útil en algunas ocasiones, como desahogo o para clarificar las ideas, pero para mí la escritura tiene muchísimo más que aportar cuando se la usa en el marco más amplio de lo creativo y lo narrativo. Cuando escribimos directamente sobre nuestros pensamientos y sobre nuestras emociones, nos movemos en un plano intelectual, en capas superficiales de protección y camuflaje que precisamente son las que nos impiden acceder al inconsciente, a esa esfera más esencial que nos trasciende y donde se encuentra la sabiduría necesaria para afrontar y procesar la situación en la que estemos, sea la que sea.
A mi método lo denomino «escritura consciente», precisamente porque consiste en poner la escritura al servicio de hacer consciente lo inconsciente.
Ese terreno más trascendental y sanador de la escritura, al que solo se puede acceder con la llave dorada de la creatividad, es el que he venido explorando a través de mis talleres desde… en realidad desde el principio, aunque durante muchos años lo hice de una forma más camuflada (en forma de talleres literarios) y desde hace una década lo hago de un modo más directo y explícito, enfocando mis acompañamientos a personas que aspiren no tanto a «escribir bien», sino a realizar cambios profundos en su interior.
Muchas de las personas a las que he acompañado seguían procesos terapéuticos, y a otras les he sugerido que los emprendieran cuando he visto que la escritura abría capas internas en las que merecía la pena indagar con un seguimiento individual. En cualquier caso, en todos estos años me ha quedado claro que la escritura es un magnífico complemento para apoyar la terapia, y también que a los terapeutas les vendría bien tener en su caja de herramientas un buen kit de técnicas que tengan que ver con la «escritura consciente». Es por eso que he decidido lanzar un taller de escritura para terapeutas o profesionales que acompañen a las personas en su camino de sanación.
Antes de tomar esa decisión, hice una encuesta a algunas de las participantes en mis acompañamientos que compaginan terapia y escritura, y me gustaría compartir contigo los resultados, porque creo que son muy reveladores. Pondré las preguntas que les hice y una síntesis de sus respuestas.
En un grupo de escritura te permite empatizar con otras personas y abrir la mirada a otros puntos de vista que te ayudan a convertir tus conflictos en oportunidades de crecimiento. Compartir en X
En estos talleres no se enseña a «escribir bien», sino a buscar una escritura que nazca de la autenticidad, también a disfrutar, a dar rienda suelta a la creatividad Compartir en X
Las conclusiones están a la vista: escritura y terapia hacen muy buena pareja, y merece la pena indagar en ellas de forma conjunta, tanto sea desde el punto de vista del terapeuta como de la persona que asiste a terapia. Y si ni eres terapeuta ni asistes a terapia, pero te has leído este artículo hasta el final, es que te interesa indagar en tu interior, con lo que te animo también a probar el uso de la escritura para profundizar en tus procesos. ¡Aquí estamos si necesitas ayuda u orientación para ello!
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Está abierta la convocatoria del Taller de Escritura para Terapeutas (que será de enero a junio de 2025). Si te inscribes antes del 20 de diciembre de 2024, tendrás un importante descuento.
Un comentario
Es una idea tan buena que ayudará a mucha gente, seguro. Yo también sé que funciona. ¡Gracias, Isa!