La intención

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Conviene, cuando escribimos aunque sea una pequeña anécdota para un blog, tener en cuenta la intención, lo que vendría a ser la razón de ser de aquello que estamos contando, porque dicha intención ha de empapar desde la primera palabra hasta la última de lo que escribamos, y ha de desecharse aquello que no contribuya a redondear el sentido de lo narrado.

Cuando escribimos debemos empaparnos de la intención y desechar aquello que no de esa forma esférica a lo narrado

Hay veces que nos ponemos a contar algo y no sabemos muy bien por qué; no pasa nada, porque puede ser que lo descubramos por el camino. Pero es importante buscarlo y, una vez localizado, revisar el texto teniendo en cuenta cuál es el objetivo último, aquello que en el fondo queremos transmitir al lector, porque todo (hasta el tono, la adjetivación o el orden de las secuencias) ha de estar en función de ello.

Con la intención, ayudaremos al lector a seguir el hilo conductor en torno a la significación común del texto, evitando la dispersión temática

Si lo hacemos así, el lector podrá seguir el hilo conductor que le permita agrupar las frases que va leyendo en torno a una significación común, como las prendas de vestir que ondean tendidas al sol. Si no atendemos a la intención, por el contrario, la temática estará muy dispersa, como si un golpe de viento hubiese soltado la ropa de las pinzas y la hubiese diseminado sin orden ni criterio por el paisaje textual.

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