A lo largo de los meses de confinamiento, todos hemos podido ponernos en contacto con algo en nuestro interior que trasciende la mente racional y que no solemos tocar. De hecho, nos habíamos inventado toda una vida y una sociedad llena de quehaceres y normas para no tocar ese punto blando y vulnerable, a la vez que creativo, libre y salvaje. Es esa parte —¿podríamos llamarla corazón?— que de pronto prevalece en nosotros cuando se nos muere un ser querido, cuando sufrimos un accidente y estamos cerca de la muerte, cuando padecemos una enfermedad grave… O, al parecer, también cuando hay una pandemia mundial.
En esos momentos, todo nuestro sistema de valores y prioridades se pone del revés. Lo que creíamos esencial en nuestra vida (comprarnos un coche, ascender en el trabajo, ganar más dinero, conseguir financiación, vestir mejor que nadie…) de repente se vuelve irrelevante, mientras que otros asuntos siempre postergados (abrazar a nuestros hijos sintiendo su cuerpo anhelante, estar a solas con nosotros mismos, conectar con nuestro sufrimiento existencial, expresarnos con honestidad…) pasan a primer plano.
Y ahora que durante este periodo de tiempo hemos podido experimentar el día a día en carne viva, afrontando a pelo el miedo, la incertidumbre, la ira, la ternura, el amor, la compasión… resulta que nos toca volver a la «normalidad». ¿Estás seguro de querer poner en marcha la locomotora para reemprender tu fugaz viaje hacia la muerte?
Ahora , tras haber afrontado a pelo el miedo, la incertidumbre, la ira, la ternura, el amor, la compasión... nos toca volver a la normalidad. ¿Estás seguro de querer poner en marcha la locomotora para reemprender tu fugaz viaje… Compartir en X
Personalmente, creo que es muy buen momento —antes de echarte a la calle— para sentarse a meditar. Por si nunca lo has hecho, voy a tratar de solventar algunos malentendidos habituales:
La meditación en estos momentos puede hacerte iniciar la desescalada de una forma en que no desconectes de todo lo que has aprendido en estos meses de «retiro». Compartir en X
Así pues, aplicar la meditación en estos momentos puede hacerte iniciar la desescalada de una forma en que no desconectes de todo lo que has aprendido en estos meses de «retiro».
Ojalá nos veamos por el camino.
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7 respuestas
Hola, Isa,
De nuevo, me ha encantado tu post, me sirven mucho los puntos aclaratorios sobre lo que no es meditar, porque me estaba preguntando si lo estaba haciendo bien. ¡Muchas gracias!
Me alegro de que te haya servido, Garbiñe :-).
Un abrazo fuerte,
Isa
Gracias Isa! Yo personalmente tenía la meditación olvidada…Lo difícil para mí siempre ha sido instaurar y fortalecer el hábito de meditar. Ahora es un buen momento. Te abrazo,
Hola, Andreina,
Sí, la primera fase, que es la de propiamente sentarte a meditar, es la más difícil. Yo recomiendo empezar por muy poquito tiempo, 10 minutos, y tratar de asociarlo a algo que hagas todos los días (como lavarte los dientes) para coger disciplina y no ponerte excusas. Poco a poco, luego, ya se va creando el hábito y puedes ir aumentando el tiempo.
Un abrazo fuerte,
Isa
Querida Isa,
Cierto. Maravilloso, valiente!
Gracias, Pilar :-).
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